Deja que las olas guíen tus pasos

Las gruesas arrugas de su piel, curtida por el viento y el sol, delatan de su pasado de viejo lobo de mar. Proveniente de las Islas Feroe, Olavi es un hombre que se debe al océano, agradecido de las aguas a las que considera sagrada fuente de vida. Hace más de una década, en medio de uno de sus viajes, su tripulación advirtió a un enorme ballenero que con sus infames arpones montaba una horrorosa carnicería. Intentó detener el actuar de los cazadores nipones apelando a la razón, pero tras ver que éstos continuaban dando muerte a la manada de cetáceos, en un intento temerario intentó asaltar el barco. Nulos fueron sus intentos. Antes de hacer contacto su navío fue destruido a arponazos y su cuerpo inerte se perdió en el océano teñido de sangre.

Olavi despertó observando las aguas rojas junto a una costa solitaria. Gran fue su sorpresa al descubrir que se encontraba sobre la aleta de un enorme rorcual que parecía esperar paciente a que el hombre despertara. Avanzó hasta la costa y, empapado en sangre, descubrió que ésta provenía del gigantesco animal; de rodillas en la arena, se tumbó sollozando agradecido. Al levantar la vista, se encontraba solo, acompañado en la lejanía por el sonido de gaviotas abalanzándose mar adentro. Caminó hacia la civilización a través de las costas, sorteando trozos de su navío y los cuerpos de su tripulación. Mientras las lágrimas limpiaban con su paso su rostro ensangrentado, Olavi juró dedicar el resto de sus días a proteger los mares a los que debe por completo su existencia, acabando con todos aquellos que destruyeron su vida en su afán de profanarlo.

Ahora, Olavi recorre los puertos vistiendo su viejo impermeable amarillo teñido de rojo. Porta un oxidado arpón automático de pesca submarina que está siempre preparado para atravesar a quienes corrompan los mares.

Olavi es un hombre solitario sin colores ni ideología política, sin embargo en Quimera ha encontrado la libertad y protección necesaria para dar caza a sus presas -muchas de corporación- a cambio de realizar trabajos para ellos. Tras cada jornada, purifica su cuerpo sumergiéndose en el océano, dejando entrever bajo la luz de la luna el imponente tatuaje de huesos de rorcual que, recorriendo cada una de las vértebras de su espalda, le recuerda que y él y la marea son solo uno.


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  • Dec 11, 2017
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